Israel Galván desnuda el bolero en la Bienal de Flamenco
Bolero en blanco y negro, el próximo estreno del bailaor, deconstruye la obra más precisa y matemática de Ravel en un espectáculo minimalista que viaja hasta las entrañas flamencas del género.
“Vamos a quitarle el color, la pastelería, el merengue, los candelabros. Vamos a dejarlo en un cuarto austero”, avisa Israel Galván. El bailaor, conocido por ser el verso libre del flamenco, el que no encaja en ningún canon, se enfrenta en su nuevo proyecto a la obra más matemática e inalterable de la música clásica. Ideado junto al pianista Andrea Rebaudengo, Bolero de Blanco y Negro rinde homenaje al compositor francés y desarma su obra cumbre para crear un espectáculo menos opulento y mucho más crudo y jondo. Se estrena en la Bienal de Flamenco de Sevilla, que ha vuelto a romper récords en esta nueva edición, con mitad de la programación sold out.
Para entender el reto de Galván, hay que entender primero al autor de la obra. Maurice Ravel consideraba la música un ejercicio de precisión milimétrica. En sus partituras no había hueco para la improvisación: cada dinámica, tempo o acento estaba calculado minuciosamente. Hasta tal punto que Stravinsky definió al francés como “el más perfecto relojero de todos los compositores”. Cuando la bailarina Ida Rubinstein le encargó en 1927 un “ballet de carácter español”, Ravel volcó esa obsesión en una antigua danza andaluza, una evolución de la seguidilla, que transformaría en un bucle hipnótico y obsesivo. Tuvo tan mala suerte que Bolero se convirtió en un auténtico hit antes de que él la considerara terminada.

La propuesta de Galván parte de ese carácter abierto, deconstruye la obra de Ravel y esa coreografía que el transgresor Béjart fijó en el imaginario popular, para trazar un camino hasta las entrañas del género y sus orígenes flamencos. Sonará la voz gitana y profunda con la que Ramón Calabuch Batista, más conocido como Moncho, cantaba al desamor; la de Juan José Amador, uno de los últimos cantaores románticos del flamenco, e incluso habrá ecos a El Bolero de Raquel, ese delirio pop de Cantinflas. “Son el perfecto mundo musical que puede inspirar la fantasía de Israel Galván, su rítmica y su aprecio al color del sonido”, apunta Andrea Rebaudengo.
En un escenario en blanco y negro, arropado por dos pianos y los tambores de Los Mellis de Hueva, Galván le bailará a un bolero deshuesado y refrescante. “Soy la percusión y el que toca el tambor durante todo el tiempo, pero la otra parte del cuerpo va por el aire”, dice. Mientras sus brazos dibujan lineas en el vacío, sus pies golpean las tablas, recordándonos que detrás de cualquier fórmula matemática siempre puede haber un poco de rebeldía flamenca.
La XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla se desarrollará hasta el 3 de octubre en distintos espacios de la ciudad. Bolero de blanco y negro, el nuevo espectáculo de Israel Galván, se estrenará el 26 de septiembre en el Teatro de la Maestranza.